Los tres niveles de crítica nietzscheana.

         La obra de Nietzsche consistirá en gran medida en una crítica a los valores propios de la cultura cristiano-burguesa, especialmente en tres frentes: crítica de la filosofía, crítica de la moral y crítica de la religión, estos tres niveles están unidos.

Método de crítica.

         Nietzsche recurre al método de reconstruir desde el inicio el proceso en el cual los falsos valores de la sociedad actual fueron apareciendo y se fueron imponiendo, mostrando sus contradicciones, sus falsedades, los intereses que subyacían en cada momento y debajo de cada Valor aceptado, las lagunas que quedan a los lados de estos supuestos valores y la debilidad de los argumentos con los que se intenta justificarlos. Este es el llamado método de las genealogías. Contrapone estos valores con los valores que él defiende y afirma. Su labor fundamental es de crítica, pero también desarrolla una amplia teoría en la que expone la moral que él acepta y en la que desarrolla una serie de tesis originales, como la de la voluntad de poder, el superhombre o el eterno retorno.

Niveles de crítica

  • Crítica a la moral occidental

Quiere Nietzsche eliminar las fronteras puritanas de la moral establecida y dar paso a una nueva era. Para él el principal error de la moral tradicional es su antinaturalidad, el hecho de ir contra la naturaleza, contra la vida. La moral burguesa es aquella que en virtud de sus normas y leyes se opone a la vida, a los instintos primordiales de la vida, sofocando las pasiones e impulsos vitales debajo de innumerables deberes y obligaciones que esclavizan al hombre impidiendo que su vida sea algo digno de ser vivido.

Para Nietzsche la conciencia moral es el resultado de la inhibición de los instintos agresivos que fue necesario realizar para vivir en sociedad y salir del estado de naturaleza, en el que el hombre no conocía frenos para el desenvolvimiento de sus instintos. La sociedad pone numerosos frenos y prohibiciones a estos instintos, pero estos no desaparecen sólo porque estén prohibidos. Estos instintos lo que hacen es desviarse, y como no pueden exteriorizarse, se interiorizan y se vuelven contra el propio individuo. Esta interiorización genera la mala conciencia ( sentimientos de culpa por tener deseos que VAN en contra lo que establece la sociedad ), que es el origen de la moral del rebaño.

Para mostrar el error de nuestra moral, analiza el surgimiento de los conceptos de bien y mal, adoptando el método genealogista, de descubrimiento de la génesis de esos conceptos, lo cual le llevará a plantear la existencia de dos formas de moral contrapuesta: la moral de los esclavos y la de los señores. Lo que para los fuertes y aventureros es lo bueno, para los débiles es lo malo. A los fuertes les gusta el riesgo, la aventura, las emociones intensas, imponer su criterio, cosas todas estas temidas y rechazadas por lo débiles.

La moral de los señores es la moral de los fuertes. El señor es fuerte y poderoso, sabe dominar y dominarse, es duro para sí y para los demás, desprecia la debilidad, la cobardía, el miedo, la adulación, la bajeza, la humildad y la mentira; tampoco estima la piedad ni el desinterés, admira la fuerza, la astucia y la audacia, ama la vida, esta vida, la única que hay. Es una moral que por encima de todo, afirma el Valor de la vida y el derecho a vivirla con plenitud. Nace de los estados de alma elevados, es una moral creadora, que engendra valores y por ello es activa, la moral propia de lo que Nietzsche llamará el SUPERHOMBRE, una moral que ama la muerte de dios.

La moral de los esclavos es la moral de la piedad, de la compasión, del desinterés, de la dulzura, de la castidad, de la benevolencia, del pacifismo, de la renuncia, del conformismo y del pesimismo ante esta vida, que provoca refugiarse en un más allá inexistente. Es una moral reactiva, no creativa, funciona por rechazo y no por amor.

La moral de los débiles nace en el alma de los oprimidos e impotentes. Su moral nace negativamente como crítica de la de los señores. Denigran al noble como malo, y alaban aquellas cosas que suavizan su vida de miserables, engañándose con ilusorios premios en otra vida y castigos en el infierno para el hombre superior y vital que impone su voluntad por donde pasa.

Para Nietzsche, el mundo europeo está regido por la moral de los esclavos; pero hay que tener en cuenta que ésta no siempre ha dominado. En los antiguos griegos, antes de Sócrates, regía una moral de señores, al igual que entre los antiguos persas (Zaratustra). Pero a partir del racionalismo socrático, y sobre todo a partir del cristianismo, se produce un creciente ascenso de los valores plebeyos que termina con los movimientos sociales y de emancipación que se inician en la revolución francesa, a los cuales Nietzsche critica al pretender hacer iguales a todos los hombres.

La causa principal de que exista la moral de los esclavos, según él, es el judaísmo y su heredero el cristianismo. Considera que con el judaísmo comienza la rebelión de los esclavos. El cristianismo ha impuesto una tabla de valores invertida a la cultura europea. El fuerte tiende al alejamiento del rebaño, pero el débil tiende a formar rebaños. Por esta tendencia de los débiles a unirse es por lo que prevalecen valores como: la compasión, la misericordia, el sacrificio, etc., valores en los que se manifiestan los instintos de decadencia sobre los de superación.

Contra la moral del rebaño, Nietzsche reivindica la del individualista que tiene la fuerza para conseguir ser sí mismo sin la necesidad de refugiarse en mentiras que hagan menos dolorosa o peligrosa la vida. Para él, la humanidad es el rodeo que da la naturaleza para producir al genio, y ha de ser el genio quien dé sentido a la humanidad, quien la haga superarse e ir más allá de sí misma. 

  • Crítica a la religión

Nietzsche es ateo, nos habla de la muerte de dios. Para él, el ateísmo es  consecuencia de factores como: el antropocentrismo, el uso crítico y autónomo de la razón, el anticlericalismo de la ilustración, el ateísmo de corte mecanicista y el positivismo.

No necesita Nietzsche demostrar que dios no existe. Basta con ver que dios y la moral son enemigos de la vida y han traído la decadencia al mundo. El ateísmo es el paso previo para la liberación respecto de las trabas de la moral que impiden la libre expansión de los instintos de la vida.

Según Nietzsche, toda religión nace del miedo, de las angustias y de las necesidades, de la impotencia que siente el hombre en sí mismo ante un mundo lleno de peligros y sufrimientos. Ninguna religión ha contenido jamás ninguna verdad. El cristianismo lo que ha hecho es fomentar valores como: la obediencia, la humildad, la resignación, la renuncia y el sacrificio. Esto llevó al triunfo de la rebelión de los esclavos orientales (judíos) contra sus señores, rebelión que consistió en una enfermedad para la vida, imponiéndose los valores plebeyos. Nietzsche considera que el cristianismo es el enemigo mortal del tipo superior de hombre. Llevó al fin del mundo antiguo, aniquiló las formas y valores más nobles de la vida y ésta fue invertida transformando toda verdad en mentira.

Para superar este extravío, hay que comenzar por acabar con dios. La muerte de dios es la liberación de un gran peso que abruma al hombre, la idea del más allá, de la trascendencia objetiva. La idea de dios será por lo tanto, lo primero que impide al hombre llegar a ser un hombre superior (el hombre para el cual no habrá Valor más fuerte que su propia voluntad).

La muerte de dios no hay que tomarla en sentido literal, pues este no existe, sino en sentido metafórico. La idea de que Dios ha muerto representa un fenómeno cultural, pues los hombres, al menos muchos de ellos, están dejando de creer en él. Lo que supone un golpe de muerte a todo un sistema de valores, caen los pilares que sostenían la tradición, la historia y la cultura occidental.

Para Nietzsche, el cristianismo es una forma de platonismo, de creencia en dios y en una realidad superior. Por ello, la muerte de dios supone la supresión de la trascendencia de los valores, el descubrimiento de que estos son creaciones humanas. El ateísmo tiene para nuestro autor, una función liberadora, nos libra de los preceptos de una moral decadente que ha asfixiado a Europa durante siglos y nos pone en el camino de poder desarrollar nuestra propia moral.  

  • Crítica a la filosofía occidental.

La búsqueda de la Verdad ha sido el objetivo de innumerables hombres, los filósofos. Pero para Nietzsche, no existen verdades objetivas, lo que cada época o cada pueblo consideraba como verdad, lo hacía porque correspondía a sus preferencias o intereses de algún tipo. Cada época y cada pueblo han pensado cosas diferentes y opuestas sobre la verdad. Lo que el hombre llama “verdad objetiva”, no es para Nietzsche sino una creación psicológica teñida de subjetividad, creación humana que los filósofos no reconocen como tal, sino que confunden con la verdadera realidad. La “verdad” ha sido siempre un producto meramente humano.

A la creencia en estas entidades objetivas que están por encima del hombre, como la Verdad, las Esencias, el Ser, el Espíritu o Dios, se ha llegado para Nietzsche, por culpa de un culto desmesurado a la razón. Ella es la que ha creado todo el cúmulo de entidades falsas que quieren presentarse como “la realidad”. Frente a ella Nietzsche reivindica el Valor cognoscitivo de la intuición, de los instintos y los sentidos. Fue en Grecia donde se comenzó por la senda pervertida del racionalismo, y fue Sócrates el primero en difundirlo.

Para Nietzsche, SÓCRATES es el asesino de la tragedia, el primer pervertidor de la verdadera esencia del hombre superior. Con su ecuación razón=virtud=felicidad comenzó el engaño. Introdujo a la cultura occidental en el racionalismo, apartándola de la auténtica felicidad producto del instinto, la pasión y no de la razón.

Sócrates es el modelo de hombre teórico, que introduce el espíritu lógico en lugar de la sabiduría instintiva. Es el primero que le atribuyó a la actividad intelectual el rango de actividad más importante del hombre. Frente a lo dionisíaco, Sócrates y sus discípulos defendieron lo apolíneo, el triunfo del orden, de la racionalidad, de la mesura, del equilibrio, de ese término medio que Aristóteles convertirá en clave de una virtuosa vida.

La crítica que hace Nietzsche a Sócrates y la filosofía de Platón (basadas ambas en el predominio de la razón) tiene relación con su crítica a la moral y la religión, puesto que la moral y la religión europea tienen su base en la teoría platónica de los dos mundos: mundo sensible (de la apariencia y la falsedad) y mundo de las ideas (mundo real y superior a éste). Por culpa del platonismo la atención no se centra en este mundo, el único que existe, sino en uno ilusorio. Se da una evasión del hombre de la vida terrenal.

Por influencia de Sócrates y Platón, la filosofía tradicional es dogmática: considera al ser como algo estático, fijo, inmutable, abstracto y cree que estas características son las que ha de tener la verdadera esencia de las cosas. Como esta realidad no existe en el mundo, ni este tipo de esencias inmutables, universales y eternas, la filosofía tradicional plantea un mundo superior y más verdadero, el otro mundo, que se convierte por error en el sentido y la razón de ser de este mundo. El sentido de esta vida es por lo tanto otra que no existe.

No existen conceptos estáticos, para Nietzsche sólo existe el devenir. Sólo existe el mundo de los fenómenos (para Platón, mundo de las apariencias).De ahí que admire a Heráclito, el filósofo del devenir. Niega por lo tanto el concepto metafísico de Ser, y también la metafísica, por ser la ciencia de éste. Según Nietzsche, si alguna esencia tienen las cosas es la de su temporalidad, accidentalidad y contingencia.

Nietzsche llamará a ese mundo inventado de la metafísica y la religión, el transmundo. La metafísica al crear ese otro mundo lo que hace es negar la única realidad existente, lo cual supone un verdadero nihilismo. Al afirmar Nietzsche que sólo existe este mundo lo que hace es invertir la ontología tradicional y considerar verdadero aquello que la filosofía tradicional consideraba aparente y falso. Lo único real para él es la apariencia, y el mundo de las ideas, dios, no son sino puras invenciones. La metafísica no es sino producto de la cobardía.

Si existe sólo la apariencia, no puede darse un saber absoluto y definitivo, verdadero. Conocer es interpretar los hechos, evaluar las cosas según las circunstancias en las que ocurren, y puesto que esas circunstancias que afectan a cada cosa son muchas, también son muchas las perspectivas desde las que se pueden enfocar, por lo que el mundo es susceptible de muchas interpretaciones, y la pretensión de tener la verdadera (metafísicos) sólo revela para Nietzsche la ingenuidad y el apresuramiento por creer que las cosas son como nos gustaría que fueran. Interpretar es subjetivar, pues las cosas no tienen naturaleza en sí fuera de nuestra interpretación. Interpretaciones por lo tanto, válidas sólo para cada uno. Pretender que sean generales es de locos, caso de los racionalistas, que han pretendido conocer leyes objetivas de la realidad en sus sistemas metafísicos, pensando haber descubierto la verdad, cuando lo que hacían era proyectar sus anhelos e intereses.

Nietzsche afirma que vive, y ya que vive, lo quiere hacer intensamente, lujuriosamente, diciendo sí a la vida, a la belleza, a la ilusión, al mal, al pecado, al sufrimiento, en cuanto estos aumentan la vitalidad del hombre. Dirá no a todo lo que disminuya la vitalidad del hombre, a los valores actuales en cuanto son dañinos para la vida, dirá no a la ciencia y a la moral. La vida será para él la fuente de las valoraciones adecuadas. Verdadero será lo que potencie la vida y falso lo que la apague. 

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