Fuentes del conocimiento de Hume.

Influencia de Locke

            Hume no estaba conforme con la noción de idea manejada por Locke, le parecía confusa al incluir en ella tanto percepción como sensación, como impresión en lo que pueda ser la idea en cuanto representación. Por ello se apresura a redefinir dicha noción de idea, de manera que para ello lo que hace es marcar una diferencia radical entre percepción e idea.        

            Pero el punto de ruptura radical se presenta desde el distinto modo de entender qué es la experiencia, pues para Locke tiene un carácter principalmente de receptividad, receptividad de los datos supuestamente provenientes de una experiencia externa al sujeto cognoscente, mientras que para Hume significa inmediatez de la conciencia del sujeto con los datos sensibles.

            La postura de Locke respecto a la experiencia supone asumir que el criterio definitivo de verdad pasa por la pretendida relación causal entre un mundo externo causante de nuestras percepciones y nuestras propias percepciones, lo que es igual que afirmar la existencia de una relación directa y real entre el mundo y sus elementos, y las percepciones generadas en nosotros, siendo esto algo a lo que Hume se niega. Para él, la posible conexión causal no se da entre hipotéticos hechos de un mundo externo, también hipotético, sino que no es otra cosa que el modo en que lamente o conciencia del sujeto piensa los hechos.

Racionalismo –empirismo.

 Para ambos conocer, es conocer ideas, representaciones. Para los racionalistas el conocimiento se basa en la existencia de unas ideas primarias, innatas, por lo que el conocimiento aparece como una estructura deductiva. Para el empirismo, por el contrario, la experiencia es un elemento primordial en el conocimiento, siendo inadmisible la existencia de ideas innatas, por lo que la única opción posible es considerar que las ideas se generan en un momento y de un modo determinados, siendo ello lo que lleva a considerar al programa de investigación empirista como un “programa psicologista”. Este programa centrará su atención en la búsqueda de la génesis psicológica de esas representaciones o ideas, en definitiva, la estructura del conocimiento se presenta como una estructura constructiva dependiente de un conjunto de impresiones o experiencia.

            Si para el racionalismo la validez del conocimiento se encuentra en un determinado tipo de ideas, para el empirismo dicha validez se da en la experiencia, quien a su vez determina los límites hasta donde puede ser aplicado correctamente dicho conocimiento: no se puede conocer más allá de la experiencia.  

Vida y obras

            Nació en Edimburgo el 26 de abril de 1711, en el seno de una familia noble pero de carente fortuna económica, de ahí que persiga los ideales ilustrados. Muere el 25 de agosto de 1776.

            Siente gran amor por la filosofía, pero sus obras no son reconocidas en su país por lo que viaja constantemente.

            Entre sus obras destaca Tratado sobre la naturaleza humana (1739-1740), nunca la firmó con su nombre porque se avergonzaba de ella por la inexperiencia con la que la escribió. En 1748 comienzan a aparecer sus Ensayos filosóficos sobre el entendimiento humano.

El conocimiento y sus límites.

1.- Elementos del conocimiento.

            Hume no estaba satisfecho en absoluto con la manera de utilizar Locke el término idea para referirse a todo lo que conocemos. En consecuencia, reservó la palabra idea para designar sólo ciertos contenidos del conocimiento.

            Las impresiones las reserva para el conocimiento por medio de los sentidos, son las percepciones directas que tenemos a través de los órganos sensibles de los datos que suponemos en la experiencia (cuando se observa un paisaje se tiene un conjunto de impresiones, fotografía mental, que está antes que el sujeto). Pueden ser de sensación, que proceden de la experiencia externa al sujeto y se generan en los órganos de los sentidos, del dolor y del placer,  y de reflexión, internas al sujeto y surgen por el conocimiento que lamente tiene de sus actos y operaciones. Aquí están las emociones, las pasiones, los deseos y la conexión necesaria.  Y las ideas, para las representaciones o copias de las impresiones en el pensamiento. Se dividen en simples y complejas. Las simples son los elementos a partir de los cuales se construyen las ideas complejas. Son las copias de las impresiones directamente captadas por el sujeto. Las complejas surgen de la relación que se establece entre varias ideas simples, y es en la construcción de las mismas donde tiene sentido hablar de los mecanismos psicológicos que permiten la construcción del conocimiento como conjunto de ideas. Las complejas se dividen en: ideas de modo, la forma, las características en que se manifiesta la sustancia (la belleza no existe sola sino en relación con algo), ideas de relación, comparación de una idea con otra (paternidad tiene sentido en relación con la de hijo), idea de sustancia, combinaciones de ideas simples que representan cosas particulares y distintas subsistentes por sí mismas (mujer, hija, bella, etc.), ideas abstractas o generales,  surgen de impresiones particulares pero generales en su representación, características comunes  (hombre).       Las ideas proceden de las impresiones, son imágenes o representaciones suyas.

2.- Tipos de conocimiento.

            Hume introduce una importante clasificación relativa a los modos de conocer. De acuerdo con esta distinción nuestro conocimiento es de dos tipos: conocimiento de relaciones entre ideas conocimiento de hechos.

  1. Conocimiento de relaciones entre ideas: “El todo es mayor que sus partes”. Este conocimiento nada tiene que ver con los hechos, con lo que pase o suceda en el mundo, es independiente de que haya todos y haya partes: sean cuales sean los hechos, esta proposición es verdadera. Este conocimiento no se refiere, pues, a hechos, sino a la relación existente entre las ideas de todo y de parte. Aunque estas ideas procedan de la experiencia, la relación entre las mismas es independiente de los hechos. A este tipo de conocimiento pertenecen la lógica y las matemáticas. Las relaciones entre ideas se formulan en proposiciones analíticas y necesarias.
  2. La experiencia, justificación y límite del conocimiento de hechos.

El conocimiento de hechos no puede tener, en último término, otra justificación que la experiencia, las impresiones.

Al clasificar los elementos del conocimiento en impresiones e ideas, Hume sienta las bases del empirismo más absoluto. Para saber si una idea es verdadera hay que comprobar si procede de alguna impresión. Si se puede señalar la impresión correspondiente estaremos ante una idea verdadera, en caso contrario, estaremos ante una ficción. Nuestro conocimiento está limitado por las impresiones.

La validez de este conocimiento hay que buscarlo en la experiencia, lo que implica que frente al conocimiento verdadero anterior, este conocimiento sea sólo probable, propio de las ciencias empíricas, trata de dar cuenta de los hechos de la experiencia.

Puesto que el conocimiento de los hechos significa determinar la causa responsable de dichos hechos, este conocimiento y su validez se basa en la relación de causalidad, de tal modo que junto a esta relación de causalidad aparecen como relaciones de este tipo que proporcionan un conocimiento probable: la identidad, y las situaciones en tiempo y lugar. Estos hechos para los empiristas son los que forman la llamada experiencia. Por lo tanto, dicho conocimiento consistirá en explicar cómo es que ocurren o se dan tales hechos, pero en la medida en que éste es un conocimiento probable, basado en la relación de causalidad. Es necesario analizar el sentido y validez de la causalidad. Esta noción siempre ha implicado la conexión entre la causa y su efecto.

3.- La crítica humeana a la idea de causa.

  1. El conocimiento de hechos y la idea de causa: Aplicando este criterio en sentido estricto, nuestro conocimiento de los hechos queda limitado a las impresiones actuales (lo que vemos, oímos, etc.,) y a los recuerdos actuales de impresiones pasadas (lo que recordamos haber visto, oído, etc.,), pero no puede haber conocimiento de hechos futuros, ya que no poseemos impresión alguna de lo que sucederá en el porvenir.

Ahora bien en nuestra vida contamos constantemente con que en el futuro se producirán ciertos hechos. Hume observó que en todos los casos de hechos, nuestra certeza sobre lo que acontecerá en el futuro se basa en una inferencia causal: el agua puesta al fuego se calentará, basándonos en que el agua y el fuego producen esos efectos. El fuego es causa y sus efectos respectivos son calentar cuanto caiga bajo su acción.

b) Causalidad y conexión necesaria: La idea de causa es, pues, la base de nuestras inferencias acerca de los hechos de los que no tenemos una impresión actual. Hume observa que esta relación se concibe normalmente como una conexión necesaria entre la causa y el efecto, entre el fuego y el calor: el fuego calienta necesariamente y, por tanto, siempre que arrimemos agua al fuego, aquella se calentará necesariamente. Como esa conexión es necesaria, podemos conocer con certeza que el efecto se producirá necesariamente.

  • Crítica de la idea de conexión necesaria: Idea verdadera es, la que corresponde a una impresión. ¿Tenemos alguna impresión que corresponda a esta idea de conexión necesaria entre dos fenómenos? No, contesta Hume. A menudo vemos el fuego y observamos que aumenta la temperatura de los objetos situados junto a él, pero nunca hemos observado que exista una conexión necesaria entre ambos hechos. Lo único observable es que entre ambos hechos se da una sucesión constante, que tras lo primero sucede lo segundo. Que además de esta sucesión constante exista una conexión necesaria entre ambos hechos es una suposición incomprobable. Y como nuestro conocimiento de los hechos futuros sólo tiene justificación si entre lo que llamamos causa y lo que llamamos efecto existe una conexión necesaria resulta que, propiamente hablando, no sabemos que el agua vaya a calentarse, simplemente creemos, suponemos que sucederá así.

En el mundo no hay impresión de la conexión necesaria entre dos existencias o hechos distintos, el origen de esa de idea de causalidad sólo puede estar en la mente del sujeto, en su estructura psíquica. Hume intenta explicar los mecanismos psíquicos que llevan a la mente a operar de este modo.

De ahí extrae que, aunque nuestro pretendido conocimiento de los hechos futuros por inferencia causal no sea en rigor conocimiento, sino suposición y creencia, no significa que estemos absolutamente ciertos acerca de los mismos: todos tenemos certeza absoluta de que el agua de nuestro ejemplo se va a calentar. Según Hume, esta certeza proviene del hábito, de la costumbre de haber observado en el pasado que siempre que sucede lo primero, sucede también lo segundo.

4.- Mundo, Dios, Yo. Su existencia.

            Nuestra certeza acerca de hechos no observados no se apoya en un conocimiento de estos, sino en una creencia. La inferencia causal solamente es aceptable entre impresiones: de la impresión actual del fuego podemos inferir la inminencia de una impresión de calor, porque fuego y calor se nos han dado unidos repetidamente en la experiencia. Podemos pasar de una impresión a otra, pero no de una impresión a algo de lo cual nunca hayamos tenido experiencia.

  1. La realidad exterior: Una realidad distinta de nuestras impresiones y exterior a ellas. Según Locke, la existencia de los cuerpos como realidad distinta y exterior a las impresiones o sensaciones se justifica en una inferencia causal. Esta inferencia es inválida, no va de una impresión a otra, sino de las impresiones a una pretendida realidad, que está más allá de ellas y de la cual no tenemos, una impresión o experiencia alguna. La creencia en la existencia de una realidad corpórea distinta de nuestras impresiones es, injustificable apelando a la idea de causa.
  2. La existencia de Dios: Locke había utilizado el principio de causalidad para fundamentar la afirmación de que Dios existe. A juicio de Hume, esta inferencia es también injustificada por la misma razón, porque no va de una impresión a otra, sino de nuestras impresiones a Dios, que no es objeto de impresión alguna. 

Si la existencia de un mundo distinto de nuestras impresiones y la existencia de Dios no son racionalmente justificables, ¿de dónde vienen nuestras impresiones?, para Locke, proceden del mundo exterior. El empirismo de Hume no permite responder a esta pregunta. Sencillamente, no lo sabemos ni podemos saberlo: pretender contestar a esta pregunta es querer ir más allá de nuestras impresiones y estas constituyen el límite de nuestro conocimiento. Tenemos impresiones, no sabemos de dónde proceden.

  • El yo y la identidad personal. De las tres realidades o sustancias cartesianas (Dios, mundo, yo), nos queda solo ocuparnos del yo como sustancia distinta de nuestras ideas e impresiones. La existencia de un yo, de una sustancia cognoscente distinta de sus actos, había sido considerada indubitable no sólo por Descartes, sino también por Locke. Hume no puede aplicar aquí su crítica de la idea de causa, ya que la existencia del yo no fue considerada por sus predecesores como resultado de una inferencia causal, sino como objeto de una intuición inmediata (pienso, luego existo).

La crítica de Hume alcanza también a la realidad del yo como sustancia, como sujeto permanente de nuestros actos psíquicos. La existencia del yo no puede justificarse apelando a una pretendida intuición, ya que sólo tenemos intuición de nuestras ideas e impresiones y ninguna impresión es permanente, sino que unas suceden a otras de manera ininterrumpida. (“El yo o persona no es ninguna impresión, sino aquello a que se supone que nuestras ideas e impresiones se refieren. Si alguna impresión originara la idea del yo, tal impresión habría de permanecer invariable a través del curso total de nuestra vida, ya que se supone que el yo existe de este modo. Sin embargo, no hay impresiones constantes e invariables. Dolor y placer, tristeza y alegría, pasiones y sensaciones suceden unas a otras y nunca existen todas al mismo tiempo).

            No existe, pues, el yo como sustancia distinta de las impresiones e ideas, como sujeto de la serie de los actos psíquicos. Esta afirmación tajante de Hume no permite explicar fácilmente la conciencia que todos poseemos de nuestra propia identidad personal: cada sujeto se reconoce a través de sus distintas y sucesivas ideas e impresiones. Si sólo existe conocimiento de las impresiones e ideas y estas son tan distintas entre sí, ¿cómo es que el sujeto tiene conciencia de ser el mismo? Para explicar la conciencia de la propia identidad, Hume recurre a la memoria: gracias a ella reconocemos la conexión existente entre las distintas impresiones que se suceden, el error consiste en que confundimos sucesión de impresiones con identidad de impresiones. Confundimos la sucesión de impresiones con que exista un yo como identidad independiente de las impresiones, del tiempo. En el sujeto está actuando constantemente el recuerdo. Recuerdo un determinado estado de conciencia, en un determinado momento y creo que es el mismo. Esto no se puede dar según Hume. Se dio cuenta de que su explicación no era plenamente satisfactoria, lo que le llevó a una actitud resignadamente escéptica.

5.- Fenomenismo y escepticismo.

            Los principios empiristas de su filosofía llevan a Hume, en último término, al fenomenismo y al escepticismo.

            El conocimiento humano es un entramado de impresiones e ideas que se asocian entre sí. Por lo que se refiere a las impresiones, ya hemos señalado que se trata de datos primitivos, elementos últimos, a los cuales no es posible encontrar explicación. Por lo que se refiere a las percepciones que aparecen asociadas entre sí, no es posible descubrir conexiones reales entre ellas, sino solo su sucesión o contigüidad. No podemos encontrar, en efecto, ningún fundamento real de la conexión de las percepciones, ningún principio de unidad que sea distinto de ellas mismas: no conocemos una realidad exterior distinta de las percepciones, ni tampoco una sustancia pensante o yo como sujeto de las mismas. Solo conocemos las percepciones, la realidad queda reducida a estas, a meros fenómenos, en el sentido etimológico del término. Este es el sentido del fenomenismo de Hume.

            El fenomenismo lleva emparejada una actitud escéptica: Para Hume hay dos principios que no es capaz de hacer consistentes y tampoco le es posible renunciar a ninguno: que todas nuestras percepciones distintas son existencias distintas y que la mente no percibe nunca conexión real alguna entre existencias distintas. Lo que plantea es que el fundamento del conocimiento es relativo a la estructura psíquica del sujeto que conoce, pero que por naturaleza hay un mecanismo y unos principios que llevan siempre a la mente a captar e interpretar, en condiciones normales, los datos sensibles de ese modo. No existe un fundamento absoluto del conocimiento. Su escepticismo se establece como respuesta a las pretensiones racionalistas de encontrar un fundamento objetivo y absoluto para el conocimiento más allá del conocimiento mismo.

Moral y religión

1.- El emotivismo moral

  1. Crítica del racionalismo moral: podemos decir que un código moral es un conjunto de juicios a través de los cuales se expresa la aprobación o reprobación de ciertas conductas y actitudes. La mayoría de los filósofos que se han ocupado de la moral se han preguntado por el origen y fundamento de estos juicios morales.

La distinción entre lo bueno y lo malo moralmente, entre las conductas viciosas y virtuosas, se basa en la razón: esta puede conocer el orden natural y, a partir de este conocimiento, determinar qué conductas y actitudes son acordes con el mismo; el conocimiento de la concordancia o discordancia de la conducta humana con el orden natural es, pues, el fundamento de nuestros juicios morales.

Hume considera que el conocimiento intelectual no es ni puede ser el fundamento de nuestros juicios morales. Su principal argumento es el siguiente: la razón no puede determinar ni impedir nuestro comportamiento; ahora bien, los juicios morales determinan e impiden nuestro comportamiento; luego los juicios morales no provienen de la razón.

La aprobación moral de ciertas conductas nos inclina a realizarlas, la reprobación de otras conductas nos impide realizarlas.

  • El sentimiento y los juicios morales. Para Hume los juicios morales no se basan en la razón. Se basan en el sentimiento. La razón es incapaz de determinar la conducta, son los sentimientos las fuerzas que realmente nos impulsan a obrar. El sentimiento moral, por su parte, es un sentimiento de aprobación o reprobación que experimentamos con respecto a ciertas acciones y maneras de ser de los seres humanos. Es natural y desinteresado.

Al proponer esta teoría sobre el fundamento de los juicios morales, Hume recoge una línea de pensamiento desarrollada en Inglaterra, en la primera mitad del siglo XVIII, por filósofos moralistas.

2.- Religión y sentimiento

            La naturaleza humana de carácter racional. La crítica de Hume resultará también corrosiva en este punto, impone una nueva actitud ante el problema de Dios y ofrece una nueva explicación del hecho religioso. Esta supuesta naturaleza humana racional existe. Lo que se ha venido considerando como tal no es, sino un complejo de impulsos, instintos y pasiones, ordenados y fijados de cierta manera por unos principios cuya naturaleza es inexplicable. 

            Al igual que ocurre con la moral, la religión no tiene su principio en la razón, no es posible encontrarle un fundamento racional. Surge de los sentimientos y se alimenta del temor, de la ignorancia y del miedo a lo desconocido. Tiene una base psicológica y quizá patológica. Las creencias y los principios religiosos no son más que sueños de hombres enfermos. De acuerdo con la teoría de Hume, no hay religión natural, hay historia natural de la religión: historia o explicación natural de la religión, donde natural significa un complejo de instintos y sentimientos cuyo precipitado sería la religión.

            Pero según Hume tampoco cabe dar una respuesta negativa, tajante y categórica al problema dela religión y de Dios.”El todo constituye un intrincado problema, un enigma, un misterio inexplicable. Duda, incertidumbre y suspensión del juicio aparecen como único resultado de nuestra más esmerada investigación sobre este tema.

            Este escepticismo de Hume supone un reto a la propia razón, reto que será recogido por Kant al afirmar que el escepticismo bien puede ser un lugar de descanso para la razón tras la dura lucha contra el dogmatismo, pero en modo alguno un lugar para residir y habitar.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.