El movimiento, el cambio, para Aristóteles es una realidad innegable y una característica fundamental de la naturaleza. El movimiento es el paso de la potencia al acto, es la actualización, por parte del sujeto, de sus propiedades en potencia. Según Aristóteles el error de Parménides estuvo en considerar que el ser en acto procede del no-ser, cuando procede del ser en potencia. Con esto, zanja Aristóteles la polémica suscitada por Parménides en torno a la posibilidad del cambio. 

         Entre el ser y el no-ser hay algo intermedio que es el ser en potencia.  Aristóteles entiende la potencia como el poder para ejercer una transformación en un objeto o la disposición para poder llegar a ser algo. Designa lo que puede llegar a ser y la situación que puede adquirir y aún no tiene: el niño está en potencia de ser joven. La potencia es el futuro, aquello que algo aún no es pero a lo que apunta un ser en virtud de lo que ya es. El ser en potencia no es la nada, un  futuro imaginado; es una forma de ser inscrita en el sujeto o cosa de la que decimos que está en potencia. Así una semilla en acto, es semilla y, en potencia, un árbol, y no otra cosa, un hombre; ya que en acto es semilla y no niño. Algo es potencia porque es acto en relación a algún conjunto de propiedades. La potencia es potencia respecto de un futuro acto.

El acto es el ser actual, la realidad del ser. Las características, propiedades y determinaciones que una cosa tiene en el presente. 

El cambio supone en este sentido la actualización de una potencia, es decir, la realización efectiva de una capacidad; cuando alguien va  a aprender un idioma lo que hace es “actualizar” la capacidad de aprender ese idioma. De ahí que Aristóteles pueda definir el cambio como la culminación de lo potencial en cuanto tal.

Para que se dé el movimiento son necesarios:

  • Sujeto: la sustancia, lo que permanece a través de los cambios.
  • Privación de la forma anterior, que deje lo que tenía antes, para pasar a otra cosa.
  • Forma final: lo que la cosa termina siendo.

Los seres naturales poseen la capacidad del movimiento por sí mismos, en cambio los artificiales lo poseen de forma accidental, se lo da otro. En el movimiento hay que distinguir entre el sujeto, lo que permanece invariable en el movimiento, lo que sigue siendo lo mismo antes y después del cambio; y las propiedades, las que se poseen antes del cambio y las que se tienen después del mismo. Los sujetos sometidos al cambio son sustancias, compuestos de materia y forma.

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Máster en Dirección y Administración de Empresas (MBA) por la Universidad de La Laguna y el Instituto Universitario de la Empresa (IUDE). Graduado en Economía por la Universidad de La Laguna (ULL) Graduado en Administración y Dirección de Empresas (ADE) por la Universidad Nacional a Distancia (UNED). Estudiante Universitario del Grado de Derecho por la UNED. Amante de la Economía, la Tecnología y con espíritu emprendedor.

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