La falta de datos dificulta conocer con exactitud la evolución de la economía española durante la guerra civil. Sabemos que la producción sufrió los inevitables reveses característicos de toda contienda. 

La República tuvo que hacer frente a los problemas de desorden interno, la falta de apoyo internacional se tradujo en grandes dificultades para obtener todo tipo de abastecimientos, desde armamento hasta productos alimenticios. Todo ello provocó una falta generalizada de suministros en la zona republicana casi desde las primeras semanas de la guerra que repercutió en el nivel de consumo de la población y las empresas. La actividad económica de la zona republicana sufrió, además de las dificultades propias de toda contienda bélica, las derivadas del proceso de división interna y de la falta de apoyo internacional. 

En la zona nacional las cosas fueron muy distintas, la aparente fragilidad económica de la zona inicialmente sumada a la sublevación se vio compensada por el auxilio exterior, con el apoyo fascista de Italia y fundamentalmente en el plano militar de la Alemania nazi y de la cobertura territorial del Portugal de Salazar, de gran importancia estratégica.

Si el sector real de la economía sufrió un fuerte impacto, no fue menor el experimentado en el campo monetario y financiero. España quedó dividida en dos zonas monetarias, con dos pesetas distintas que evolucionaron de forma diferente. Como es obvio, se paralizaron los pagos, los intercambios y los créditos entre las dos zonas. 

La financiación de ambos bandos. La República careció de crédito externo para hacer frente al pago de los suministros de material militar. En estas circunstancias, sólo podía adquirir armamento pagando al contado, lo que no era posible dado el déficit exterior. La única salida era recurrir a las reservas de metales preciosos y de divisas del Banco de España, planteando algunos problemas de legalidad ya que el Banco de España era una sociedad privada. En cualquier caso, el oro, la plata y las divisas del Banco fueron utilizadas para adquirir en Moscú y París los suministros militares.

En contraste, la zona nacional gozó de unas buenas posibilidades de financiación. Aunque sus niveles de divisas eran similares a la situación de la República, los sublevados disfrutaron directamente de la ayuda militar del Eje. 

En conjunto, como sucede en todas las guerras, España sacrificó en su contienda civil unos recursos muy valiosos, con un alto coste de oportunidad para un país atrasado. Y añadir los daños materiales provocados por la guerra, la irreparable pérdida de vidas y un sufrimiento que se prolongó, durante décadas, por el carácter dictatorial e inclemente del régimen que se impuso al finalizar el conflicto.  

La guerra civil española provocó considerables destrucciones materiales y, lo que es más grave, la muerte de cientos de miles de personas, las pérdidas de población activa fueron relativamente importantes. Trajo otra serie de secuelas demográficas, a estos fallecidos hay que añadir las muertes provocadas por la represión bélica. También, el exilio y el encarcelamiento, estos dos aspectos, particularmente, con los grupos sociales mejor preparados del país. Los puestos de trabajo vacantes por la represión y el exilio fueron ocupados por los vencedores de la contienda, personas que a menudo carecían de una adecuada cualificación profesional. 

 En cuanto las pérdidas materiales, las mayores hay que situarlas en las infraestructuras, en particular, ferroviarias, y en los medios de transporte. 

El nivel de renta nacional y de la renta PER cápita de 1935 no se recuperó hasta entrados los años cincuenta. El consumo de la población, incluido el de productos de primera necesidad, se hundió de forma dramática, y el hambre se cebó en millones de españoles. 

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