La evolución del PIB presenta dos etapas claramente diferenciadas, la primera se extiende hasta 1895 caracterizada por la depresión que se acompañó por una suave deflación, al quedar ociosas cantidades crecientes de recursos.  Las tasas de crecimiento fueron muy bajas e incluso negativas por varios años. Y la fase a partir de 1896, con un claro cambio de tendencia hacia una moderada recuperación. 

La crisis agrícola y pecuaria, cerealera y otros subsectores. 

La crisis se hizo patente en España con cierto retraso, ya entrada la década de 1880, y alcanzó su punto álgido en 1895. Su incidencia se produjo a través de la caída de los precios agrarios, y con ellos, de las producciones, las ventas y las rentas del sector. Desde 1891, además, también decayeron la producción, las ventas y los precios del vino, por el fuerte descenso de la demanda externa. La presión de los agricultores por una nueva regulación del comercio exterior, conjugada con demandas semejantes de los lobbies industriales, culminó con la vuelta al proteccionismo. Esta respuesta defensiva consiguió aumentar los precios de las importaciones y contenerlas, a lo que colaboró la depreciación de la peseta. 

La caída de los precios en el mercado internacional produce un aumento de las importaciones de trigo, cayendo los precios en el mercado mayorista interno donde hay trigo nacional y extranjero. Los primeros mercados que se pierden son los de la periferia, por la facilidad en la entrada y más barato de las importaciones. 

Si los precios del trigo están cayendo, los ingresos de las explotaciones también caen, las primeras explotaciones que se verán con problemas serán aquellas menos productivas, las que tenían un menor margen de beneficios, las explotaciones marginales serán las primeras en desaparecer, al no poder cubrir los gastos. El descenso de la producción cerealera, el Valor de la tierra también desciende, ya que nadie la quiere y el mercado de la tierra empieza a tener excedentes, el Valor de la propiedad, de la tierra cae. 

No solo ocurrió en el sector cereales, aunque fue el más afectado debido a la importancia en la agricultura española. Los otros casos, como el olivar, influye otro elemento, que es la aparición de otros productos (petróleo o breas) que compite con el olivar en el segmento de lubricación de maquinaria y en el alumbrado, ahora el aceite de oliva se dirige únicamente a la alimentación. La crisis agrícola se trasladó a otros subsectores, como el del arroz, por mecanismos idénticos: el aumento de las importaciones de origen ultramarino y la caída de los precios y de la Rentabilidad de las explotaciones. 

La cochinilla y su competencia con la industria química, el sector prácticamente desaparece, este producto utilizado como colorante queda desplazado por las anilinas artificiales, hizo caer estrepitosamente los precios y las cantidades vendidas en las islas Canarias. Lo mismo ocurre con el arroz, la ganadera, …, las explotaciones europeas en pequeñas extensiones de terreno imposible de competir con la ganadería, por ejemplo, de Argentina con amplios pastos y sin necesidad de tanta sofisticación debido a la estabulación.

El sector vitivinícola será una excepción puesto que no sufrió la crisis(1882-1891), sino que culminó su etapa de mayor prosperidad, a causa del notable aumento de la demanda externa. 

Sin embargo, con una expansión anormal o atraso debido, la causa fue la caída de la producción de Francia, primer exportador mundial de vino, por la plaga de la  filoxera en sus viñas (que llegó sobre 1860-1870), se pretendía introducir en Europa, pero finalmente afectó a la viña europea, cuyo problema es que mata a la planta desde la raíz, siendo la única forma de limitar la plaga es injertar a la viña europea viña Americana, prácticamente desapareciendo la viña europea. El único lugar que la filoxera no entró, fue Canarias, donde sigue existiendo cepas antiguas a esta crisis. 

LAS ALTERNATIVAS A LA CRISIS

Respuestas de los agentes sociales implicados

La respuesta de los grandes propietarios (terratenientes): algunos de ellos empiezan a implicarse en la gestión de las mismas, controlar lo que allí se produce, por otro lado, con su capacidad de influir en los lobbies del Parlamento, intentarán proteger sus ingresos, mediante aranceles. La política económica y comercial a la que nos dirigíamos era librecambista, y se empieza a pedir políticas de elevadas restricciones, piden un cambio en la tendencia de la política comercial. Otra respuesta de los propietarios fue reducir la renta de los arrendamientos. 

La respuesta de los grandes arrendatarios fue una presión a los propietarios para el descenso de las rentas, un presión política para aumentar la protección y reducción de costes por medio del descenso de salarios y el despido de jornaleros junto con mejoras de eficiencia; además de la propuesta de búsqueda de cultivos alternativos a los habituales. 

Los pequeños y medianos agricultores, su respuesta en muchas ocasiones fue, ir contra la Hacienda, quemando archivos de la Hacienda, y otro tipo de conflictos similares. Un aumento del endeudamiento y su consiguiente impago de tributos; abandono, pérdida o venta de las tierras y el comienzo de la búsqueda de empleo como asalariado la nueva clase social o la emigración en aquellos casos en los que fuera posible. 

La respuesta de los jornaleros, que han sido despedidos o se les reducen los salarios, sus alternativas serán emigrar si tienes dinero para el pasaje, que apenas permitía un excedente para ello. Si te quedas sin trabajo, prácticamente te quedabas sin comer, por consiguiente, hambruna. Por tanto, emigración de trayecto corto hacia las ciudades para buscarse la subsistencia debido al hambre, clase asalariada. Y sino, robar o comportamiento violento, conflictividad campesina. 

Respuestas económicas (y diferencias en el comportamiento de centro y periferia) 

Se producen transformaciones limitadas en la estructura del sector cerealero, sin embargo, tiene lugar un diversificación de otros subsectores como la oferta agrícola en el campo de la horticultura y fruticultura, los cítricos de Valencia como ejemplo. Avances como la mejora en la selección de semillas y modificaciones en los procesos de transformación de producto. Todo esto genera la ampliación de mercados y la atención hacia nuevas demandas como la urbana; este contexto favorable facilita la incorporación de capital traducido en maquinaria o fertilizantes, o ampliación del regadío (ayudado por un aumento de de los costes laborales).  

La salida institucional a la crisis (más protección arancelaria) 

El final de la crisis se alcanzó gracias a las medidas de protección arancelaria desde finales de 1890. El consiguiente sostenimiento de los precios agrarios facilitó la recuperación a partir de 1891 y, sobre todo, de 1896. Mayores ventas, y a precios más elevados, restablecieron gradualmente la producción y la Rentabilidad de la agricultura del cereal. 

Respuesta proteccionista que suponía un cambio en las instituciones vigentes, la primera la empezamos a ver por el comportamiento de los propietarios de grandes extensiones de tierra, y era el recurrir al proteccionismo para mantener los márgenes de beneficios, por lo se quería demandar una subida de los aranceles para proteger a los productores nacionales, el arancel Cánovas con carácter plenamente proteccionista, rompiendo la tendencia que se había mantenido de liberalismo. 

Estas medidas no son muy diferentes de las que adopta otras estados como Francia y Alemania, difiriendo de Inglaterra, al que le interesaba que los productos alimenticios fueran de precios bajos debido a la poca importancia de ese sector respecto a la industria. 

El deterioro de la economía española, década de 1890, con la guerra de independencia de cuba y luego EEUU, hace que la peseta se deprecie, que actuara como un elemento que refuerza el proteccionismo que ya se conseguía con políticas comerciales. 

Se logro recuperar superficie cultivada y niveles de producción. 

LA EVOLUCIÓN DEL PRODUCTO BRUTO AGRÍCOLA DESPUÉS DE LA CRISIS

Superada la crisis, se recupera la superficie cultivada de cereales, que tiene mucho que ver con la recuperación de los precios, el arancel de 1891 recuperara el Precio del trigo de antes de la crisis. Los rendimientos mejoraron a partir de 1897. 

Los nuevos precios lo que permitieron fue aprovechar los nuevos márgenes para invertir y mejorar sus condiciones de producción, mejorando la productividad. La recuperación de la superficie sembrara se está realizando por medio de políticas extensivas y por políticas intensivas, políticas de intensificación del suelo que permite mantener el rendimiento de periodos anteriores. El aumento del empleo de fertilizantes químicos y el uso de equipo agrario mejoró, aunque los progresos derivados de estos aspectos fueron muy limitados. 

(Hay diferencias entre regiones, se han dividido en tres regiones, interior 1, la zona del interior 2 y las periferias (gráfico más abajo). Hubo mayor preocupación los agentes económicos en las zonas de Andalucía, Murcia y Castilla La Vieja) donde se cogieron las mejoras tierras para una mayor productividad. El caso de la periferia es el caso más extraño, donde no se redujo la superficie cultivada, sino se aumentó, pero claro, anteriormente, esa zona había abandonado tierras en pos del olivo, vino, la papa, etc., con la crisis, los agricultores pensaron utilizar las tierras que tenían para cultivos para alimentarse y no lo que ya cultivaban para exportar.)

La ampliación de la superficie destinada a otros cultivos, aquellas tierras que no fueron ocupada en su totalidad por el cereal, las tierras sobrantes se han utilizado hacia una producción pensada en el mercado más que el abastecimiento propio, existe una mayor capitalización, una tendencia hacia el comercio con un proceso de mayor diversificación, este aumento se debe a medidas de extensificación y la eliminación de bosques, dehesas, etc. (Un gráfico más abajo). 

La exportación comienza a ser un elemento a considerar, las exportaciones de frutas, de hortalizas, y sobre todo de aceite, condiciona en gran medida esos ingresos aportados a la balanza comercial. El sector de los plátanos, de los tomates y de las papas, Valencia con los cítricos, …, reportando una gran importancia. Solo unas excepciones a este crecimiento continuo, que fueron en los momentos de la Primera Guerra Mundial y de la II República. 

La producción valenciana de naranjas aceleró su crecimiento y entre 1900-1913, las exportaciones se duplicaron, desde unas 300.000 hasta unas 600.000 toneladas. La baja del Precio de la naranja, gracias a la mayor eficiencia productiva, se conjugó con aumentos rápidos de la producción y de la exportación. 

En primer lugar, crecieron la superficie cultivada y el Valor de la producción; la industria y los servicios tiraron de la economía de la economía. El índice de la producción agraria muestra que las variaciones anuales de la cosecha eran muy amplias, por la evolución del clima, y marcaban los ciclos del PIB. La agricultura era el mayor sector. 

En segundo lugar, cambió la estructura del producto agrario, pues se extendieron los cultivos leñosos (viñedo, olivar, almendro, algarrobo) e intensivos (frutales, cultivos de huerta, plantas industriales) que el resto; la superficie dedicada a cereales y leguminosas se redujo por el avance de aquellos cultivos más intensivos. 

En tercer lugar, la agricultura abasteció el mercado interior y volvió a ser el principal proveedor de divisas. El mercado nacional fue el impulsor del desarrollo agrario; los productos comercializados en el interior crecieron más que la producción agraria. Pero el sector primario estuvo más abierto al exterior que los demás sectores. Los productos agrarios se convirtieron, desde 1914, en el principal renglón de las exportaciones. 

El superávit de la balanza agraria fue el principal soporte de la financiación exterior de la economía española, reflejando la competitividad exterior de los productos agrarios mediterráneos. El proteccionismo, vigente desde el siglo XIX, afectó a la redistribución de la renta (entre productores y consumidores de productos agrarios) y al mantenimiento de los campesinos en el sector, pero no tanto a la reasignación de la superficie agraria, dadas las escasas alternativas técnicas ofrecidas por las tierras de secano, que sólo podían dedicarse a pastos, cereales, viñedos y olivares. 

La protección sí que contribuyó a la expansión de la agroindustria y de los cultivos suministradores (azúcares, alcoholes, harinas, aceites vegetales, y carnes y pescados para conservas y congelados); éste fue unos de los sectores que mayores transformaciones productivas y tecnológicas introdujo en el medio rural. En cualquier caso, la crisis de los años treinta consolidó la introversión de la agricultura española. 

En cuarto lugar, la productividad de la tierra y de los trabajadores agrarios creció gracias al mejor aprovechamiento del medio natural, que no ofrecía muchas posibilidades en las tierras de secano. El crecimiento anual de la productividad del trabajo en la agricultura se situó entre el 1,5 y el 1,9%. Estos avances nacían de una organización más eficiente de la producción agraria, la introducción de los abonos artificiales, la adopción de nuevos aperos, de sistemas de riego y de maquinaria moderna y, también, de la emigración de ciertos excedentes de mano de obra (con productividad muy baja) del campo a la ciudad y, en menor medida, al extranjero. La distribución geográfica del progreso técnico fue muy desigual, regionalmente, variaron mucho los rendimientos por hectárea y por trabajador que dependían mucho de las condiciones ambientales y del uso del suelo, en el primer caso, y de factores sociales e institucionales (la propiedad), en el segundo. 

El uso de abonos artificiales (químicos y minerales) explica las nuevas roturaciones practicadas, a costa de eriales y barbechos; esto supuso una reducción de los pastizales,  que fue suplida por la mayor producción de cereales pienso. Esos abonos fueron utilizados más intensamente en los nuevos cultivos de regadío. 

Los factores que favorecieron el progreso técnico fueron el proteccionismo, las mejoras en los transportes, la urbanización y la industrialización de algunas zonas, el aumento de los costes laborales, el crecimiento de los precios relativos de ciertos productos intensivos, el descenso del Precio de los inputs externos, y el fomento del Estado. 

La viticultura, en cambio, atravesó una etapa de grandes dificultades por la pérdida del mercado francés. La destrucción de vides en España, a causa de la filoxera, suavizó el derrumbe de los precios y de la Rentabilidad de las explotaciones que se precipitó sobre la viticultura a raíz del descenso de exportaciones y precios, cuando se recuperó la producción en Francia. A su vez, exigió cuantiosas inversiones para su replantación con cepas americanas, resistentes al insecto, y la producción de mosto disminuyó a la mitad entre los períodos de 1888-1892 y de 1909-1913. 

Por tanto, las coyunturas del producto agrario entre 1900-1936 es de un aumento del producto agrario por encima del PIB durante la Primera Guerra Mundial y II República y un aumento del producto agrario por debajo del PIB durante la década de 1920. 

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