Alfonso XIII, fue entronizado  en 1902 y su monarquía estuvo caracterizada por la crisis generalizada del sistema:

  • La desaparición en un breve periodo de tiempo de los líderes que gestaron y dirigieron la Restauración, como Cánovas y Sagasta. 
  • La falta de respuesta a las demandas de los partidos ajenos al turnismo (republicanismo, anarquismo, socialismo, nacionalistas, etc.) que representaban las nuevas fuerzas emergentes de la sociedad.
  • La rigidez de un sistema que apenas promovía cambios en el campo español y además profundizaba los desequilibrios regionales marginando grandes extensiones del territorio nacional.

Durante los primeros 20 años del reinado de Alfonso XIII se produjo, en definitiva, un creciente deterioro del sistema político y de los partidos que lo dominaban que terminaron por ser incapaces de sostener gobiernos estables y cayeron en el descrédito ante la opinión pública. El pensamiento mayoritario era que España tenía que cambiar, si no quería ser relegada del panorama internacional durante el S.XX, pero en lo que no había coincidencia era en el sentido que habría de tomar dicho cambio.

Como consecuencia, Antonio Maura, el más destacado político conservador del reinado de Alfonso XIII, abordó en su etapa de gobierno iniciada en 1907 un amplio programa regeneracionista, que en su opinión, equivaldría a una revolución desde arriba.

Paralelamente, las grandes potencias se encontraban desarrollando sus imperios coloniales de ultramar. Así, en España surgieron voces a favor del expansionismo hacia Marruecos, visto por algunos como medio para resarcirse  del Desastre del 98. España poseía las plazas de Ceuta y Melilla y un acuerdo con Francia y Reino Unido, el Tratado de Algeciras, le concedió el protectorado del área del Rift en 1912. Sin embargo, la resistencia de la población nativa al dominio español dio lugar a casi 20 años de operaciones bélica, complicando la coyuntura política del momento.

El primer episodio del conflicto marroquí tuvo lugar en 1909 con el ataque a un ferrocarril minero. Maura determinó enviar unidades de refuerzo provenientes de Barcelona y Madrid formadas por soldados que habían pasado ya a la reserva dando lugar a oleadas de protestas. El agravamiento de la situación en Marruecos con noticias de centenares de muertos  condujo a un aumento de la tensión en las calles. Así, en Barcelona se produjo un levantamiento de los barrios populares que se mantuvo durante una semana, la denominada Semana Trágica, hasta ser sometida por el ejército. 

Debido al sustento por parte de la Iglesia hacia las autoridades a favor de los embarques y la publicidad que allí realizó, la furia popular tomó una orientación anticlerical y cuarenta y dos iglesias y conventos fueron incendiados.

A raíz de esto, el gobierno regional se sirvió del contexto para generar represalias contra todos los movimientos progresistas, lo que se reflejó en los innumerables  encarcelamientos  de intelectuales y líderes anarquistas. Entre ellos Francesc Ferrer, promotor de la Escuela Moderna, de tendencia laica, que fue condenado a muerte bajo pruebas muy débiles. Su ejecución supuso una honda crítica al gobierno español desde diversos ámbitos europeos y estadounidenses.

Maura se vio obligado a dimitir sucediéndole un gobierno presidido por José Canalejas del Partido Liberal. La labor modernizadora de Canalejas quedaría truncada trágicamente debido a su asesinato. En ese instante, finalizó a la vez la etapa de regeneracionismo interno de los gobiernos y el de los propios partidos. La división interna, pues, propició la aparición de muchos cabecillas seguidos por adictos pero carentes de la base de los anteriores líderes. 

  • España y la Gran Guerra

Los años de la I Guerra Mundial (1914-1918) fueron decisivos para la España del S.XX debido a dos causas  fundamentales: su neutralidad y por los conflictos que acaecieron en 1917, esenciales para la descomposición de la Restauración.

  • La neutralidad

Cuando desde el gobierno se observó los albores de la guerra, Alfonso XIII decidió que España se mantuviera neutral expuesto a través del Decreto de neutralidad y de no-intervención. A pesar de esto, la guerra alteró ideológicamente al país que sí se inscribió en uno de los dos bandos enfrentados e incluso se proponía el intervencionismo. 

Por un lado las izquierdas, la burguesía progresista con intereses en Europa e intelectuales se manifestaron aliadófilas. Mientras el núcleo germanófilo estuvo compuesto por gran parte de oficiales del Ejército, burguesía agrícola y la derecha católica. 

  • La crisis de 1917 y el declive

La guerra generó en España una gran alteración económica que traería consigo una gran burbuja de prosperidad y una profunda transformación de la moral imperante. La demanda de los países en guerra condujo a un fuerte aumento de las exportaciones y por esta razón se produjo un alza importante de los precios que no fue acompañada con un aumento de los salarios, es decir, trajo consigo una inflacióndesmesurada. Los negocios enriquecieron a unos y hundieron de la miseria a la mayoría. Así, la diferencia entre las clases aumentaba día a día. 

La llamada crisis de 1917 puso de golpe todas las incoherencias  de la nación. Fueron en realidad tres revoluciones consecutivas desde inicios de año hasta el mes de agosto, aunque no conectaron entre sí. Tras la crisis la monarquía quedó en pie pero muy debilitada pero la movilización proletaria había despertado.

  • Juntas de Defensa

La primera manifestación es una protesta militar, que va a ser obra de las denominadas Juntas de Defensa, organizaciones que lograron el apoyo de casi todos los militares de la Península. Esta protesta estaba dirigida contra los políticos y los generales, contra los ascensos por méritos de guerra en Marruecos y además solicitaban una subida de los sueldos.

A pesar de que el Gobierno intentó eliminar estas Juntas mediante el arresto de sus promotores, no se consiguió hasta el transcurso de 5 años. La solución fue atraerse al Ejército para sostener la monarquía.

  • La Asamblea de Parlamentarios

El segundo acto de la crisis fue la Asamblea de Parlamentarios. El descontento popular iba a tener su núcleo en Cataluña, donde los partidos del turno habían perdido la hegemonía frente a los nacionalistas de la Lliga Regionalista y los republicanos de ERC. 

El dirigente de la Lliga, Francesc Cambo, fue el principal organizador de un movimiento parlamentario de protesta ante el cierre de las Cortes y de inicio de una reforma constitucional en la que se incluyese una amplia autonomía de las regiones. 

Ante la negativa de Dato, los parlamentarios opuestos al sistema se reunieron en Barcelona en una asamblea en acción directa contra el Gobierno. Sin embargo hubieron discrepancias en el seno de la misma entre las izquierdas a favor de una revolución y los moderados que querían una remodelación por causes monárquicos. Al final, la disolución de la Asamblea por parte del Gobierno  provocó el fin del proyecto. 

Aunque los movimientos no acabaron ahí, ya que algunos parlamentarios republicanos y el único socialista estaban dispuestos a ir más lejos que Cambó e iniciaron los preparativos revolucionarios.

  • La huelga general

El último y tercer acto de la crisis fue la huelga general. El motivo profundo de esta fue el atraso del país respecto a Europa por culpa de todos los españoles; y ante la evidencia de la ineficacia de la clase gobernante, la clase obrera tenía que sacudir el Estado.

La central sindical socialista, UGT, y la central anarcosindicalista, CNT, lanzaron un manifiesto e iniciaron contactos con el gobierno para pedir el abaratamiento de los costes. Romanones prometió resolver el problema, pero abandonó la presidencia y su sucesor, Dato, no se consideró obligado a cumplir las promesas del predecesor. Fue entonces cuando se produjo la decisión de las izquierdas de llevar a cabo una huelga general extendida por todo el país.

El momento de disyuntiva crítica entre catalanes y el gobierno junto con el apoyo de los parlamentarios de izquierdas parecía el idóneo, aunque el UGT prefería esperar a tener mayor seguridad en la acción y la CNT, quería iniciarla cuanto antes. 

Todo se precipitó con una huelga en Valencia a la que siguieron consecutivamente otras en las principales poblaciones industriales como Asturias, Bilbao, Madrid y Barcelona. Por su parte el Ejército no tardó en reprimir los levantamientos, que llegó a tardar días en sofocar todos los puntos. 

La huelga había acabado, sin embargo  evidenció la fragilidad del régimen y su dependencia del Ejército, que se granjeó la enemistad popular. España entraba en un espiral de crisis.

  • El desastre de Annual

Hacia 1918, se había generalizado la crisis económica en todo Occidente tras la guerra y la revolución bolchevique había creado grandes expectativas en los movimientos revolucionarios. 

Además, en España, la inestabilidad política, el auge del movimiento obrero y el fracaso colonial eran tal que en un intento por mantener el régimen se formaron los gobiernos de concentración, integrados por políticos muy influyentes al margen de su afiliación política.

La afiliación a los sindicatos era masiva, llegando la CNT a alcanzar los 700.000 y donde las huelgas se sucedían sin cesar, como La Canadiense en Barcelona que duró más de un mes. Respecto al PSOE, el debate de la Revolución Rusa y la III Internacional provocó la escisión de un grupo muy activo que en 1921 creó el PCE (Partido Comunista de España).

Así, en 1921, el problema marroquí volvió a complicar la coyuntura política y a incrementar las tensiones cívico-militares. La zona de protectorado que el Tratado de Algeciras otorgó a España presentaba escaso interés económico y grandes dificultades para su ocupación. Se trataba de una franja del norte de Marruecos dominadas por las montañas del Rift, que carecían de comunicación interna y estaban pobladas por tribus tradicionalmente muy independientes y guerreras, las llamadas cabilas.

Un líder rifeño Abd-el Krim supo unificar estas tribus y animarlas en la lucha contra el invasor. España, pues,  decide que la ocupación efectiva traería la pacificación. En 1921 se produjo la catástrofe, una columna al mando del general Silvestre se había internado en territorio hostil siendo atacado en Annual por las fuerzas de Abd-el Krim convirtiéndose la retirada en una huida hacia Melilla en la que murieron miles de soldados. 

El envío de refuerzos permitió restablecer pronto la situación militar, pero la magnitud de la tragedia desencadenó una oleada de denuncias de casos de corrupción militar y exigencias de responsabilidades. El escándalo de Marruecos podía convertirse en un argumento para forzar la caída de la monarquía dada su implicación. Así, se designó al general Picasso para que desarrollase un expediente gubernativo para esclarecer los hechos y hallar responsabilidades en el alto mando.

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